Yo quisiera aparecerme, como un mosco,
acostado en tu regazo, tierno y cómodo,
sintiéndome pequeño tenso por tu mirada,
usurpándote de resguardo para mis miedos,
si cuidas tu de mi, yo velaré de ti como la Diana
aún de día vigila con atención, dulce esmero al sol.
Es mi deber confesarle, señorita mi afición por sus labios,
tanto así que me considero su lacayo, paje, su ganapán.
Y ahora eres reina.
Reina por que a ti viajan súbditos mis versos
cada vez que un mimo me atraviesas por la cara,
Reina por cada gesto que me atravesara por los ojos
en ocasiones que el viento suave le acariciara.
Reina por sus ojos dominantes, gobernantes despojos
lanzados a este cartujo intento de sotopoeta que le admira.
Dígame que usted no es como el agua que sale de mis ojos,
que no empapará mi piel reseca tan llena de hoyos,
dígame que no curtirá mas la carne de mi corazón, y el alma
dejaras en su lugar si (ojala que no) desea seguir sus pasos.
Yo camino lejos de todo buscando mis dioses ciegos
y de lejos distingo sus ingentes ojos y sus bellos gestos,
garrafales arpías que comen mis deseos, usted y su cara,
ay esos labios!, que me tienen dominado y el mundo paran,
como jaguar dormido en la luna, ahora te vuelves sueños.
Y reina eres a pesar de mis dos infinitas almas que pagan
sus karmas cada una, pues ahora conoces mis misterios,
y ahora tengo de deshacerlos por si un destino juntos
nos amarrara, quizás, ojala, pueda hacer y cantar tus canciones.
sábado, 14 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Si supongamos que un mosco,me dedicase un verso así,yo sería sin duda su reyna,¿y por qué?,-pues porque se ama con el corazón y no con los ojos.Me encanto. ;)
ResponderEliminar